No me hubiese importando ser mas alto, aunque solo hubiesen sido diez centímetros mas; mirar el mundo desde arriba, de arriba a abajo. No ser un gigante, pero sí mas alto. También más guapo. Un tipo alto y guapo, creo que a cualquiera le gustaría ser así.
Me encantaría tener una personalidad apabullante, decir NO cuando fuese necesario, y que mis SÍ, fuesen convencidos y nada dubitativos. Eso es, me gustaría haber tenido una personalidad bien formada, característica, mía, al fin y al cabo. Abusé de mis complejos. Abusé demasiado de mis complejos.
Quisiera sonreír siempre, aunque una vez escuché que “lo patológico es estar siempre feliz”, pero, aunque por dentro estuviese roto, dejar por fuera una muestra de amable sonrisa.
Ser más coherente, unir mis palabras a mis hechos cada día como la sombra se une al cuerpo, sin necesidad de calcular si lo hecho está bien o no, sabiendo que es así, porque eso es lo coherente.
Quisiera aceptar bien las críticas, los menosprecios, los insultos, las injusticias hacia mi y los míos. Aceptar a los demás por cómo son, no por lo que creo que van a ser.
Siempre presumí de mis dos amigos, pero no me hubiese importado tener bastantes mas. Creo que la inseguridad es lo que me hizo limitarme en cuanto a ellos, y creerme que tener muchos era señal mas de cantidad que de calidad. Creo que me equivoqué.
Me habría encantado ser otras cosas que no he sido, mas juerguista, mas deportista, más honesto, más sencillo, mas humilde, mas serio,…
Pero si hay algo de lo que he sido abundante ha sido en nobleza. Siempre he sido noble, no he querido dañar a nadie, por mucho daño que mereciesen y, aun sabiendo, que no pasaría nada por dejar a un lado esa cualidad en algunos momentos. Mis padres, mi familia, mi religión, mis compañeros, mi mujer, mis hijas, mis amigos, mis conocidos… por ellos, y solo por ellos, he sido siempre noble.
Sé que ya no seré mas alto, ni mas guapo, ni mas listo, ni mas seguro; pero mientras respire, seguiré siendo noble. Al menos, lo voy a intentar.