Esta tarde se me ha salido el teléfono del bolsillo del abrigo y ha dado tal golpetazo contra el suelo... que ríete tú de la caída del Imperio Romano... un drama.
Es raro, pero llevo casi todo el día "desconectado" del mundo... y no me ha pasado nada... bueno, a medias.
Por lo pronto, he perdido todos mis contactos, mi agenda y un montón de fotos que tenía guardadas, además de las consiguientes pelas que voy a perder arreglando el dichoso bicho, porque, no es que se haya roto la pantalla... es que creo que ya ni respira.
Pero lo realmente acojonante es sentir que estás "fuera" y que seguro que te estás perdiendo algo interesante. La gente lista que nos controla ha conseguido hacernos sentir plenamente dependientes de cualquier artefacto que a ellos les reporte beneficio. El móvil, la tele, la tablet, el ordenador... si no estás conectado, sencillamente, no estás.
De esta manera, creamos el verbo "lo necesito" para usarlo cuando en el fondo lo que queremos decir es "lo quiero", y con esto no pretendo quitarle utilidad a los aparatos que nos rodean (¡¡líbreme Dios!!) aunque quizá deberíamos darle menos importancia de la que nos ocupa.
Pero en este hemisferio norte, esto es pura ciencia ficción. Mañana haré acopio de valor y me plantaré en The Phone House con cara de "¿¿esto tiene arreglo??" mientras el joven dependiente se frota las manos mirando la caja registradora que recibirá un donativo de parte de otro pardillo con el móvil roto.
En fin... que todos los problemas sean esos, ¿no?
Salud para tod@s.
P.D. No paro de recordar la canción "Analfanauta" de los Antílopez... aquí os la dejo













