Me encantaría que visitaras también mi otro Blog; un espacio donde dejo mis fotografías; "EL MUNDO SE EQUIVOCA" (http://sequivoca.blogspot.com)
"EN ALGÚN LUGAR DE UN LIBRO HAY UNA FRASE ESPERÁNDONOS PARA DARLE SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA" - (Miguel de Cervantes) - Octubre, 2018

lunes, 16 de julio de 2018

Atardecer

Te he imaginado en cien lunas,
en seiscientas noches y en mil orillas.
Te he creído cerca del bosque,
bajo las ramas cargadas de hojas secas,
cansadas de vivir una eterna primavera.
Te pensé junto a los ríos,
desnuda con tu cuerpo de niña
entre unas rocas como un afluente liberado.
Quise soñarte en una extensa llanura,
fértil como tierra nueva que desea brotar.
Única. Impía. Desatada.
Pero estabas en el atardecer del verano,
entre el color rojo y la oscuridad del no saber,
agazapada,
cada día al final de la tarde.
 

lunes, 9 de julio de 2018

Volveremos a vernos

Y vendrán otros días y otras lluvias;
vendrán más otoños amarilleándonos entre las mantas.
Habrá mas noches llenas de estrellas y más lunas menguándose,
cobardes.
 
Vendrán otros mares
para acariciar tus pies otro verano
y otros fuegos que celebren cada beso que nos dimos
a oscuras.
 
Y llegarán anunciando otra aurora,
pintando tus fachadas a brochazos de luz
como música ya escuchada alguna vez en otra vida,
llegarán.
 
Hasta la llegada de esos días,
hasta que esa luz brille de cerca,
hasta que, al fin, duerma en tu vientre, mi vida,
hasta entonces… estaré aunque no me oigas latir.
 
Volveré. Volveremos a vernos.
 
(Noviembre 2010)

jueves, 5 de julio de 2018

En el barrio

       Di tantas vueltas con el coche que estuve a punto de desistir. No me gusta buscar aparcamiento donde sé que me va a costar la misma vida, aunque luego la recupere al dejar el coche. No me gusta. Volver al barrio después de tantos años se planteaba como una prueba de madurez. En mi bolsillo trasero llevaba la foto que llegó a mi buzón meses atrás y que me había hecho estar en ese momento en la calle donde di mis primeras carreras. Mi calle era una pista de patinaje, un circuito para bicicletas o un restaurante de lujo donde sentarse a degustar las pipas con sal que el padre de Salva vendía en su quiosco. Me parecía estar oliendo el pegamento del local que tenía el zapatero frente a mi casa. Ese olor que se quedaba hasta en la ropa. Mi calle olía a su pegamento, sí. Y al horno de la panadería de Olga, cuando el pan era pan de verdad. Frente a la churrería había unos bancos de madera. Hoy no están ni los bancos ni la churrería pero sigue estando el hueco de la pared donde ella y yo nos prometimos que estaríamos siempre juntos, hasta la muerte. Así éramos los niños de barrio, tremendos incluso en las promesas. Pierdo la mirada en esa pared. Soy incapaz de recordar el color que tenía cuando íbamos a cambiarnos los cromos de Santillana, Quini o Arconada; ahora tiene una capa de pintura verde. Y me acuerdo de ella, soñando en voz alta, mezclando hormonas con juegos infantiles. Palpo el bolsillo, la foto sigue ahí.
 
      Durante mucho tiempo olvidé mis calles, igual que otras tantas cosas. También nos olvidamos ella y yo. Pero hace unos meses que llegó su carta. Dentro sólo una foto. Una playa y sus piernas al sol, apoyadas sobre las de un hombre. Por detrás, escrito con rotulador un “No me vayas a olvidar”. Miro la foto y sonrío. Respiro profundamente y miro hacia arriba, hacia la cumbre de los edificios de nuestra calle. Cómo la iba a olvidar. Pienso que cualquiera que me viera, frente a una pared mirando una foto, dudaría de mi salud mental. Quizá era el momento de volver al siglo actual, al hoy día. Devolví la foto a su escondite e inicié el camino de vuelta a mi coche. Aquel ya no es mi sitio aunque será siempre mi casa, pensé.
       Pero lo reconozco, fue un impulso descontrolado. Giré sobre mis pasos y agarré una piedrecilla de la calle. Como quien comete el más grave de los delitos, tembloroso grabé sobre el muro verde con la piedra. “JAMÁS TE OLVIDARÉ”.