Me encantaría que visitaras también mi otro Blog; un espacio donde dejo mis fotografías; "EL MUNDO SE EQUIVOCA" (http://sequivoca.blogspot.com)
"ENORGULLECERSE DE SABER ES COMO CEGARSE CON LA LUZ" - (Benjamin Franklin) - Septiembre, 2018

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Musa

               No es dejadez. No, no podría llamarlo así. Es más una sensación de oquedad. Es querer sacar agua de un pozo usando una sola mano o ser récord mundial de apnea a medio pulmón. Quiero escribir pero el teclado se vuelve gris y huraño. Rechaza mis dedos. Creo que llega a reírse de mí y que a veces, por compasión, me deja ligar cuatro frases con cierto sentido, así, en modo lastimero. Pobre, vamos a dejarle que escriba algo o tendremos que recoger su moral del suelo con una cucharilla.

               Dame una idea, la que sea. Dame un motivo, una foto de esas que me llegan sin esperar, una canción que suene desde la otra habitación, da igual si la he escuchado mil veces. Dame literatura de salón para plagiar, para convertirla en texto económico de arrastrar por las aceras. Pero no me oyes o ni siquiera sabes que te estoy hablando o viniste alguna vez caminando entre piedras para procurarme el aliento que me faltaba y ahora ya no estás aquí.

               Vivir de una musa es de tristes, quizá sea eso. Pero te necesito. Te echo de menos como aquel día que me llevaste al barrio con una foto en el bolsillo, como la mañana en que la ropa dejó de ser una cadena y los miedos quedaron grabados para siempre en cien fotogramas para mirar con ojos diferentes. Vuelve como las noches en vela del verano, como los poemas que me hicieron creer poeta. Vuelve como antes de la caída a los infiernos o como el día que emergí a flote contra todo pronóstico. Regresa ya, como en las frases sueltas, en los versos inconexos, en las palabras dichas sin querer. Como cuando aún no sabía de tu existencia y me consideraba autor de lo que se erigía a mi alrededor por méritos propios. Iluso, infeliz de mí.

               Vuelve como los sueños que no se cumplen, como las promesas quebrantadas, como las palabras y el viento. Porque mientras pienso en ti, la pantalla sigue pálida, demasiado lejos de mis intenciones, a burlas con mi voluntad de darle color. Por eso te digo que no es dejadez. Es una puta sequía de ideas desde que empaquetaste tus cosas y me dejaste a vivir conmigo mismo.

               ¿Te molesta que te llame “musa”?, ¿es eso? Quizá inventarte un nombre te traiga de nuevo a esta parte de la playa donde la arena permanece húmeda y se divisan los nubarrones del horizonte. Te hago un sitio. Mira, siéntate aquí, a mi lado. Me muevo un poco y hay espacio para los dos. Tú pones la letra, yo la mecánica y a esperar a que algo suene, ¿qué te parece?

               Sigues sin hablar.

               No voy a insistir. No quiero agotarte. Sabes donde estoy, conoces mis hábitos de insomnio y mis ideas a deshora. Te esperaría pero, en fin, sigue tu camino, medita tus nuevos pasos, marca bien tus huellas en la playa que elijas.

              Yo estaré en la mía, con los nubarrones a lo lejos y los dedos sobre el teclado.
              


martes, 28 de agosto de 2018

Desnudarse

               Me falta la música de fondo- decía mientras tapaba su pecho con todo el brazo; el temor a ser vista desnuda la paralizaba casi por completo. Es la primera vez que hago esto, no me juzgues, por favor. La luz se entrometía por las cortinas de una manera hermosísima. El momento era propio. Con el temblor de la novedad, Erre fue apilando su ropa. Prenda a prenda era doblada y recostada sobre el sofá de la habitación, recibiendo un suave pase con la mano, seguramente temblorosa, aunque a decir verdad, no puedo asegurarlo pues apenas quise estar en ese proceso tan íntimo. Jamás en la vida me habría imaginado esto- decía. Desde luego, porque ella lo que realmente había imaginado eran otras cosas, quizá millones de ellas, pero en absoluto aquella escena en la que posaba casi desnuda ante una cámara para llenar de confianza y seguridad un futuro nuevo que comenzaría a escribir a partir de aquella sesión.

               Hablaba dándome la espalda, con la incertidumbre del que ha sido dañado y espera un nuevo ataque en algún momento. Cualquiera podría ser su enemigo a estas alturas. Yo disparaba fotografías, ella disparaba acontecimientos. Cada movimiento suyo iba acompañado por un retazo de vida que acomodaba en el aire, igual que hizo antes con su ropa sobre el sofá. ¿Quieres seguir?- me refería a la sesión; Por supuesto- se refería a lanzarse al vacío del todo. Erre, cada vez más cómoda al haberse liberado de su ropa, se liberaba a la par de otras cargas, esas que no se ven desde fuera pero que queman y consumen por dentro.

               - Me equivoqué de Príncipe. Igual me equivoqué de cuento y me metí en el que todos los papeles estaban ya repartidos y me dieron uno para rellenar y tenerme callada pero, ¿sabes una cosa?

               Yo incorporo mi espalda y saco mi ojo del visor de la cámara esperando la respuesta.


               - Ahora el cuento lo escribo yo. Ahora yo soy el humo, el ladrón, el consumo, la rabia y la emperatriz.*  ¿Ves ese montón de ropa?, esa era yo antes- y diciendo eso, se volteó para mirar de frente a la cámara, puso sus brazos en jarra y me lanzó un “¡Vamos, enfoca!, yo estoy completamente preparada.”


 
              
               Nos dimos las gracias, yo por depositar su confianza en mí, ella por mi respeto hacia aquella novedad.

               Al salir del apartamento se detuvo para clavarme por última vez sus ojos y decirme muy seria: la próxima vez quiero música de fondo.

               Después sonrió.

 
*De la canción de Mäbu ”Si me quieres lejos”

miércoles, 1 de agosto de 2018

Llegar tarde

Las manecillas del reloj avanzan adelantando mi voluntad.
 
Siempre a la espalda del tiempo que corre e inunda de vértigo cada hoja en blanco que soy yo mismo.
 
Llego tarde a cada cita con el futuro y abandono para no quedarme el último en la cola de los que nunca van a ser los primeros.
 
Es la inercia de sobrevivir lo que ancla mis pies a la tierra, demasiadas veces anclados, ante el pánico a no estar en el momento justo.
 
Así besaré la tierra en mi último día, huyendo del miedo a mis propios miedos.
 
Porque tantas veces he querido ser lo que no soy que dejé pasar el tiempo.
 
Una y otra vez.
 
Una vez tras otra. 
 
 
(modelo: Almudena Cuenca)

lunes, 16 de julio de 2018

Atardecer

Te he imaginado en cien lunas,
en seiscientas noches y en mil orillas.
Te he creído cerca del bosque,
bajo las ramas cargadas de hojas secas,
cansadas de vivir una eterna primavera.
Te pensé junto a los ríos,
desnuda con tu cuerpo de niña
entre unas rocas como un afluente liberado.
Quise soñarte en una extensa llanura,
fértil como tierra nueva que desea brotar.
Única. Impía. Desatada.
Pero estabas en el atardecer del verano,
entre el color rojo y la oscuridad del no saber,
agazapada,
cada día al final de la tarde.
 

lunes, 9 de julio de 2018

Volveremos a vernos

Y vendrán otros días y otras lluvias;
vendrán más otoños amarilleándonos entre las mantas.
Habrá mas noches llenas de estrellas y más lunas menguándose,
cobardes.
 
Vendrán otros mares
para acariciar tus pies otro verano
y otros fuegos que celebren cada beso que nos dimos
a oscuras.
 
Y llegarán anunciando otra aurora,
pintando tus fachadas a brochazos de luz
como música ya escuchada alguna vez en otra vida,
llegarán.
 
Hasta la llegada de esos días,
hasta que esa luz brille de cerca,
hasta que, al fin, duerma en tu vientre, mi vida,
hasta entonces… estaré aunque no me oigas latir.
 
Volveré. Volveremos a vernos.
 
(Noviembre 2010)

jueves, 5 de julio de 2018

En el barrio

       Di tantas vueltas con el coche que estuve a punto de desistir. No me gusta buscar aparcamiento donde sé que me va a costar la misma vida, aunque luego la recupere al dejar el coche. No me gusta. Volver al barrio después de tantos años se planteaba como una prueba de madurez. En mi bolsillo trasero llevaba la foto que llegó a mi buzón meses atrás y que me había hecho estar en ese momento en la calle donde di mis primeras carreras. Mi calle era una pista de patinaje, un circuito para bicicletas o un restaurante de lujo donde sentarse a degustar las pipas con sal que el padre de Salva vendía en su quiosco. Me parecía estar oliendo el pegamento del local que tenía el zapatero frente a mi casa. Ese olor que se quedaba hasta en la ropa. Mi calle olía a su pegamento, sí. Y al horno de la panadería de Olga, cuando el pan era pan de verdad. Frente a la churrería había unos bancos de madera. Hoy no están ni los bancos ni la churrería pero sigue estando el hueco de la pared donde ella y yo nos prometimos que estaríamos siempre juntos, hasta la muerte. Así éramos los niños de barrio, tremendos incluso en las promesas. Pierdo la mirada en esa pared. Soy incapaz de recordar el color que tenía cuando íbamos a cambiarnos los cromos de Santillana, Quini o Arconada; ahora tiene una capa de pintura verde. Y me acuerdo de ella, soñando en voz alta, mezclando hormonas con juegos infantiles. Palpo el bolsillo, la foto sigue ahí.
 
      Durante mucho tiempo olvidé mis calles, igual que otras tantas cosas. También nos olvidamos ella y yo. Pero hace unos meses que llegó su carta. Dentro sólo una foto. Una playa y sus piernas al sol, apoyadas sobre las de un hombre. Por detrás, escrito con rotulador un “No me vayas a olvidar”. Miro la foto y sonrío. Respiro profundamente y miro hacia arriba, hacia la cumbre de los edificios de nuestra calle. Cómo la iba a olvidar. Pienso que cualquiera que me viera, frente a una pared mirando una foto, dudaría de mi salud mental. Quizá era el momento de volver al siglo actual, al hoy día. Devolví la foto a su escondite e inicié el camino de vuelta a mi coche. Aquel ya no es mi sitio aunque será siempre mi casa, pensé.
       Pero lo reconozco, fue un impulso descontrolado. Giré sobre mis pasos y agarré una piedrecilla de la calle. Como quien comete el más grave de los delitos, tembloroso grabé sobre el muro verde con la piedra. “JAMÁS TE OLVIDARÉ”.

viernes, 29 de junio de 2018

Habrá que bailar.

            Habrá que bailar para que el músico se anime, para que nos mire la gente murmurando entre otras gentes acerca de nuestras patologías emocionales. Bailemos pues.
 
            Por capricho, por placer, por perder el miedo a bailar, por perder el miedo a volar. Bailemos sin saber cómo ni dónde. Descompasados o a dos palmos del suelo. Bailemos y descosámonos de nuestras sombras, soldadas eternamente a nosotros.
 
            Bailemos.
 
            Como perfecta excusa para rozar esa mano, o envolver esa cadera, o adosar esa mejilla, o recordar ese olor, o volver a existir. Bailemos.
 
            Bailemos para detener la hemorragia de las vidas pasadas y sanar cicatrices de los daños futuros. Entre el recuerdo y el olvido, bailemos.
 
            Porque mañana es fiesta de guardar en los cajones lo que ya no nos interesa y cerraremos la puerta a los fantasmas de cada minuto. Porque la eternidad no suena a nada, bailemos ahora.
 
             Ya lo dijo el Maestro: Que bailar es soñar con los pies.





lunes, 4 de junio de 2018

Duele decir adiós

     Duele decir adiós cuando consideras que el momento de la despedida se ha adelantado; cuando te quedan tantas cosas que agradecer y tantos abrazos que dar; cuando aún puedes escuchar su risa en los pasillos y recordar cada detalle con la gente de su pueblo.
 
     Duele decir adiós cuando sigues contando sus anécdotas como si estuvieses preparado para repetirlas mañana; cuando haces un listado de momentos únicos que has vivido; cuando esperabas encontrártelo en la próxima visita al cole.
 
     Es triste y duele cuando el que se marcha ha sido tan grande de evaporarse sin hacer el más mínimo ruido;  cuando ha sido un MAESTRO en todos los sentidos y cuando compartiste tus peores pesadillas abrazado a él.
 
     Dicen que la gente muere cuando se le olvida, por eso, Ciri, vivirás mientras quede en la tierra alguno de los que hayamos estado a tu lado. Tus compañeros, tus alumnos, y en fin, toda la gente del pueblo que tuvo la oportunidad de disfrutarte te recordará siempre. Gracias por todo lo que nos diste.
    
     Descansa, Ciriaco. Ya eres eterno.

sábado, 2 de junio de 2018

El fin del día

     El perchero sigue abarrotado de abrigos tras la puerta. Quizá tres, puede que cuatro, apiñados unos sobre otros y por debajo de ellos,  puede que algún bolso o alguna bufanda. Escarbando podría encontrar aquel gorro de lana que hace siglos que no usa porque ni siquiera recuerda que está allí abajo. Al fondo, el paraguas. Lo compró en rebajas; el paraguas transparente de moda, el que atraería las miradas de la gente, más preocupada por llegar a sus destinos moderadamente secos que en valorar el diseño de los artilugios anti-lluvia de los que pasaran por allí, pero ella confiaba en que sería la sensación del otoño.
 
     En el pasillo, sus zapatos. Atravesados, inertes, a su suerte. Diariamente repetía el ritual de lanzarlos a la vez que sonaba el portazo tras su espalda. Llegar a casa solía ser sinónimo de autoprotección. Ese portazo era el abrazo de su guardaespaldas y deshacerse de los zapatos, la confirmación de que ya estaba segura. Percibía un placer difícil de describir al recorrer descalza aquel pasillo y celebraba, a veces, no haber puesto madera ni tarima ni nada de esas cosas que quitasen la agradable sensación de frío al caminar por él. Pisaba tierra segura, territorio propio. Su guarida.
 
     Aunque nada comparable con librarse del broche del sujetador, "el yugo opresor de la mujer del siglo XX". Ojalá tuviese el valor de prescindir de él. Cuando pasa junto al espejo superlativo que cuelga en la pared, se observa. Se analiza. Y se habla. Ojalá yo fuese capaz de salir a la calle sin esta tortura pero no sé... no me veo. Chica, realmente creo que estás increíble para tu edad... pero no me atrevo, nunca fui de fantasear.
 
     Al fondo, una pequeña lámpara ilumina el salón. Algún día tendría que ordenar los recuerdos de aquel lugar, tan íntimo y tan atropellado de vivencias pero el orden requiere de tiempo y de voluntad, quizá más de lo segundo. La voluntad es una asignatura que comenzó a suspender la noche de agosto en que descubrió que los castillos de naipes podrían volar con sólo abrir una ventana. Ahora, bajo la cálida luz que nacía de la mesita y el silencio de la playa cercana, besaba despacio una copa de Ribera del Duero. La sangre de la tierra. Bendita la uva de entre todas las creaciones del universo. Busca su postura ideal; espalda bien apoyada, piernas recogidas y los pies bajo un cojín. Una mano hace el ademán de masajear un poco sus cansadas piernas. Ya no hay estrés, ni trabajo, ni ruidos molestos a su alrededor.
 
     Toma la copa, la acerca a sus labios, siente fluir el vino por su garganta y respira.
 


Fotografía de Lydia Fernandez Tapia (@lydia_fdz)

viernes, 25 de mayo de 2018

Sólo uno más

     El pulso se le dispara como si buscara escaparse del cuerpo insulso y corriente que lo atrapa y lo limita al punto de hacerlo sentir vulgar. La mira mientras habla. La observa. La admira. Ella es ajena a aquellos instintos porque para ella, el pulso acelerado es una anécdota, a veces sin sentido. Para ella, existir se ha vuelto una rutina necesaria y sonreír, un viaje al espacio exterior. Pero en ese instante, ella sonríe sin miedo a los juicios; sonríe porque se adivina feliz.  Sonríe él también, creyendo, a veces, que ella destila vida porque está junto a él, junto a alguien tan parecido a todos los demás que si lo cambiasen por otro nadie lo notaría, aunque crea que lo mira, de reojo,  entre carcajada y carcajada. Escucha su risa y sueña parar el tiempo para siempre. Imagina un espacio sin efectos ni bandas sonoras, ni explicaciones, ni actores secundarios. No sabe si habrá otro momento como ese, proyectado o casual y desea prolongarlo al máximo de su estiramiento; si leerá sus mensajes, si captará sus bromas, si volverá a mirar de reojo alguna vez para darle rango de protagonista.
     Él sólo la mira, como quien vive una aparición y no sabe lo que siente, apurando los latidos de hoy. Casi la venera.  Que este segundo no acabe. Así, quizá mañana vuelva a imaginar.
 
(Fotografía de Michele Della Guardia)

jueves, 10 de mayo de 2018

NATSUKASHII


NATSUKASHII es una palabra japonesa que significa "Nostalgia Feliz", es el instante en el que la memoria, de repente, te transporta a un bello recuerdo que te llena de dulzura.

martes, 1 de mayo de 2018

Luz de hotel

     Busco el encuadre ideal para llamar la atención del crítico. La foto. Unos pasos más a tu derecha, ahí, perfecta. Ella luce como nadie, desnuda tras una cortina vaporosa. Un pasito, solo uno hacia atrás. El viento entra por la ventana y ondula la cortina, hace bailar su pelo y eriza cada milímetro de su piel. Es el momento. Baja un poco el brazo... eso es!. Uno y otro, y otro disparo más. No te muevas. Cuatro, cinco... hasta seis disparos continuados. Hoy no necesitaremos luz extra, el atardecer nos está regalando unas formas preciosas en la pared de la habitación. Una última prueba. Mírame. Ya casi está. Una más. Creo que mejor no lo podríamos hacer. Puedes vestirte, muchas gracias. Ha sido un placer. El placer ha sido mío.
 
     Luz natural para ellas. Para ellas el juicio del crítico, el fondo que se difumina, el ojo perfilado. Para ellas el mejor contraste, el aplauso seguro. Fotografías naturales para ellas y hasta cortinas vaporosas para ellas. Tú y yo tenemos otro tipo de mirada. Somos más de luz de hotel. ¿Posas?

sábado, 14 de abril de 2018

Pronosticaron lluvia

 
               No hay verano que soporte las tempestades de diciembre. Pronosticaron lluvia pero tu ropa se adormecía jugando con las sombras alargadas de las sábanas blancas tendidas al sol confiado. El calor ya no era cruel, más bien un compañero que se buscaba entre las apariciones de los paraguas; y los azules fueron tornando en grises difusos.
               Pronosticaron lluvia pero tus dedos aún sentían el goteo de un vaso lleno de vida, a la orilla de la playa. ¿Para qué mudar la ropa ? -decías- No nos devorará ningún invierno. Y aquí te detienes, ante un espejo semitransparente, ante ventanas entreabiertas, ante dudas inacabables.
               Desconfiaste de los avisos. Saliste desnuda a reflejarte en los charcos cuando pronosticaron lluvia.
               Ahora es tiempo de nubes.
(Fotografía de LYDIA FERNÁNDEZ TAPIA)

miércoles, 4 de abril de 2018

Juegos de azar


    Igual que el azar lanza corazones o bastos sin orden ni concierto, a mi teléfono se mandaban llamadas de SOS: Amigo, te juro que lanzo al aire mis monedas pero siempre sale cruz. La suerte es esquiva, se puede buscar pero ella prefiere jugar al despiste y marcarse faroles que hacen tambalear la conciencia más firme. Es por eso que, si no sabes marcar tus cartas, corres el riesgo de perder, como perdía ella, en cada apuesta en las que el margen de error solía ir en su contra.

     Pero como cuento, la fortuna va y viene. Es algo que sabemos porque nos lo dijeron una vez pero que pocas veces creemos.

     -        Prueba otros dados

     -        No encuentro dados con los que formar algo.

     -        Prueba.

     Entonces ella cava una trinchera donde huele a romero y el agua fluye entre almendros en flor. Busca su premio. Sigue rascando.

     Y a la fuerza ahogan. Y las mareas cambian como cambian los colores del cielo en cada estación. Y lo que ayer quemaba como el viento de poniente en julio, hoy es un levante que silba fresco. Y donde antes había precipicios, hoy ves trampolines donde jugártelo todo a doble o nada en un salto mortal.

     Y El Kanka pone banda sonora a su vida como una arenga en la final del campeonato “No pasa nada, quiero afirmarlo: ante la duda, hazlo.”
     Porque un órdago es un órdago y no siempre lo importante es participar.

     Así se encaran las nuevas partidas, llenando las tardes de tableros en los que enrocar Reyes y comer Damas. Una tras otra, las que el cuerpo pida y el destino regale, y transformar los SOS en fiestas de guardar a cada llamada.

     -        Amigo, esta partida la gano

     -        No tienes rival, Babucha.

(fotografía de Michelle della Guardia)

martes, 27 de marzo de 2018

Tiene usted el blog muy olvidado

     Jueves, 22 de marzo. Zumbido y vibración a partes iguales en el teléfono que descansaba en mi bolsillo. Estoy en tiempo de recreo, así que salgo de la sala de profesores y miro curioso el origen del sonido: Correo electrónico de "mi" Pepito Grillo literario (del que prometo hablar otro día). Sólo este texto:

Tiene usted el blog muy olvidado
 
Fdo: Pepito Grillo
 
     Pues bien, no tengo excusas (o sí, pero no las quiero utilizar). Estoy sin ideas, ¿qué le hago?. Las pocas vueltas que obligo a mi cerebro a dar son para el trabajo, la familia, el inglés y alguna que otra cosilla que se me ocurre escribir, pero nada para el blog. Y, conste en acta, que el primer defraudado soy yo pero esta humanidad tan limitante me borra las ideas y exilia a mis musas a mentes mejores, es lo que hay.
 
     Aunque no cejo en el intento, sigo pendiente a este espacio. Es como la fe, a la que algunos no hacemos caso pero pensamos en ella de vez en cuando, cuando más oscuro vemos el túnel, y a la que prometemos volver "cuando las cosas vayan mejor".
 
     En fin, ni siquiera sé si quedará alguien para leerme o estaré escribiendo como ejercicio íntimo... no sé (ahora es cuando mi Pepito Grillo me dice que los puntos suspensivos sobran).
 
     No desfallezcáis en la lectura, ni en la escritura. Lo que deba ser, será.
 
     Mientras, salud para todos.

miércoles, 10 de enero de 2018

10 de enero


Por tu sonrisa, por tus canciones, por tus bromas, por tus fiestas, por tus ilusiones, por tus miradas, por tus miedos y por tus sueños... de estos últimos 12 años.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

 
Te vamos haciendo mayor, Sara. No cambies jamás.

miércoles, 3 de enero de 2018

3 DE ENERO

Muchas felicidades, María, para hoy y para cada día de tu vida.
¡¡FELIZ 14 CUMPLEAÑOS!!

 
 

lunes, 1 de enero de 2018

CANCIÓN PARA EMPEZAR UN AÑO

"Porque eres aire y quiero recordar
que en un instante sentí la eternidad"
 
     Creo que 2017 ha sido "el año" para Diego Cantero. Por fin se va conociendo (y reconociendo) al músico tan grande que se esconde detrás del nombre de FUNAMBULISTA. Si ayer sonaba El Kanka, hoy llega Diego, y además con Rozalén, a modo de guinda con forma de brisa. ¡¡Cómo estará de contento Javi viendo a los chavales, a los que abrió su Botica y su poca salud, en lo más alto, en el sitio que se merecen y que el sabía que ocuparían algún día!!
 
     Diego es uno de esos, "Uno di noi", de los que llegaba con su guitarra y su gorra a pasar noches entre amigos. Con un público escaso, a veces diez, otras, 20... alguna vez, incluso 30 personas, en aquella pequeñita sala del centro de Málaga. Sonrisa en ristre, pendiente de todo el mundo, con "Humildad" como definición de su presencia y con música, música y más música.
 
     Y ahora, ahí está, arriba, muy arriba. Pero tan cerca como siempre, porque el que es GRANDE, lo es siendo el más pequeño de todos. Si va a vuestra ciudad, cometeríais un gravísimo error dejándolo pasar. Tomadlo como un consejo. Un consejo de alguien que para morir joven ya es demasiado viejo.
 
     BUEN 2018 para todos.