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"HAY PERSONAS QUE MARCAN UN ANTES Y UN DESPUÉS, CONVIRTIENDO EN UN REGALO EL AHORA (Luis Bueno) - julio, 2020


miércoles, 19 de septiembre de 2018

Musa

               No es dejadez. No, no podría llamarlo así. Es más una sensación de oquedad. Es querer sacar agua de un pozo usando una sola mano o ser récord mundial de apnea a medio pulmón. Quiero escribir pero el teclado se vuelve gris y huraño. Rechaza mis dedos. Creo que llega a reírse de mí y que a veces, por compasión, me deja ligar cuatro frases con cierto sentido, así, en modo lastimero. Pobre, vamos a dejarle que escriba algo o tendremos que recoger su moral del suelo con una cucharilla.

               Dame una idea, la que sea. Dame un motivo, una foto de esas que me llegan sin esperar, una canción que suene desde la otra habitación, da igual si la he escuchado mil veces. Dame literatura de salón para plagiar, para convertirla en texto económico de arrastrar por las aceras. Pero no me oyes o ni siquiera sabes que te estoy hablando o viniste alguna vez caminando entre piedras para procurarme el aliento que me faltaba y ahora ya no estás aquí.

               Vivir de una musa es de tristes, quizá sea eso. Pero te necesito. Te echo de menos como aquel día que me llevaste al barrio con una foto en el bolsillo, como la mañana en que la ropa dejó de ser una cadena y los miedos quedaron grabados para siempre en cien fotogramas para mirar con ojos diferentes. Vuelve como las noches en vela del verano, como los poemas que me hicieron creer poeta. Vuelve como antes de la caída a los infiernos o como el día que emergí a flote contra todo pronóstico. Regresa ya, como en las frases sueltas, en los versos inconexos, en las palabras dichas sin querer. Como cuando aún no sabía de tu existencia y me consideraba autor de lo que se erigía a mi alrededor por méritos propios. Iluso, infeliz de mí.

               Vuelve como los sueños que no se cumplen, como las promesas quebrantadas, como las palabras y el viento. Porque mientras pienso en ti, la pantalla sigue pálida, demasiado lejos de mis intenciones, a burlas con mi voluntad de darle color. Por eso te digo que no es dejadez. Es una puta sequía de ideas desde que empaquetaste tus cosas y me dejaste a vivir conmigo mismo.

               ¿Te molesta que te llame “musa”?, ¿es eso? Quizá inventarte un nombre te traiga de nuevo a esta parte de la playa donde la arena permanece húmeda y se divisan los nubarrones del horizonte. Te hago un sitio. Mira, siéntate aquí, a mi lado. Me muevo un poco y hay espacio para los dos. Tú pones la letra, yo la mecánica y a esperar a que algo suene, ¿qué te parece?

               Sigues sin hablar.

               No voy a insistir. No quiero agotarte. Sabes donde estoy, conoces mis hábitos de insomnio y mis ideas a deshora. Te esperaría pero, en fin, sigue tu camino, medita tus nuevos pasos, marca bien tus huellas en la playa que elijas.

              Yo estaré en la mía, con los nubarrones a lo lejos y los dedos sobre el teclado.