Me encantaría que visitaras también mi otro Blog; un espacio donde dejo mis fotografías; "EL MUNDO SE EQUIVOCA" (http://sequivoca.blogspot.com)
"MUERE LENTAMENTE QUIEN NO SE ATREVE A ABANDONAR LO SEGURO PARA LUCHAR POR SUS SUEÑOS" - (Jesús Quintero) - Julio, 2018

lunes, 16 de julio de 2018

Atardecer

Te he imaginado en cien lunas,
en seiscientas noches y en mil orillas.
Te he creído cerca del bosque,
bajo las ramas cargadas de hojas secas,
cansadas de vivir una eterna primavera.
Te pensé junto a los ríos,
desnuda con tu cuerpo de niña
entre unas rocas como un afluente liberado.
Quise soñarte en una extensa llanura,
fértil como tierra nueva que desea brotar.
Única. Impía. Desatada.
Pero estabas en el atardecer del verano,
entre el color rojo y la oscuridad del no saber,
agazapada,
cada día al final de la tarde.
 

lunes, 9 de julio de 2018

Volveremos a vernos

Y vendrán otros días y otras lluvias;
vendrán más otoños amarilleándonos entre las mantas.
Habrá mas noches llenas de estrellas y más lunas menguándose,
cobardes.
 
Vendrán otros mares
para acariciar tus pies otro verano
y otros fuegos que celebren cada beso que nos dimos
a oscuras.
 
Y llegarán anunciando otra aurora,
pintando tus fachadas a brochazos de luz
como música ya escuchada alguna vez en otra vida,
llegarán.
 
Hasta la llegada de esos días,
hasta que esa luz brille de cerca,
hasta que, al fin, duerma en tu vientre, mi vida,
hasta entonces… estaré aunque no me oigas latir.
 
Volveré. Volveremos a vernos.
 
(Noviembre 2010)

jueves, 5 de julio de 2018

En el barrio

       Di tantas vueltas con el coche que estuve a punto de desistir. No me gusta buscar aparcamiento donde sé que me va a costar la misma vida, aunque luego la recupere al dejar el coche. No me gusta. Volver al barrio después de tantos años se planteaba como una prueba de madurez. En mi bolsillo trasero llevaba la foto que llegó a mi buzón meses atrás y que me había hecho estar en ese momento en la calle donde di mis primeras carreras. Mi calle era una pista de patinaje, un circuito para bicicletas o un restaurante de lujo donde sentarse a degustar las pipas con sal que el padre de Salva vendía en su quiosco. Me parecía estar oliendo el pegamento del local que tenía el zapatero frente a mi casa. Ese olor que se quedaba hasta en la ropa. Mi calle olía a su pegamento, sí. Y al horno de la panadería de Olga, cuando el pan era pan de verdad. Frente a la churrería había unos bancos de madera. Hoy no están ni los bancos ni la churrería pero sigue estando el hueco de la pared donde ella y yo nos prometimos que estaríamos siempre juntos, hasta la muerte. Así éramos los niños de barrio, tremendos incluso en las promesas. Pierdo la mirada en esa pared. Soy incapaz de recordar el color que tenía cuando íbamos a cambiarnos los cromos de Santillana, Quini o Arconada; ahora tiene una capa de pintura verde. Y me acuerdo de ella, soñando en voz alta, mezclando hormonas con juegos infantiles. Palpo el bolsillo, la foto sigue ahí.
 
      Durante mucho tiempo olvidé mis calles, igual que otras tantas cosas. También nos olvidamos ella y yo. Pero hace unos meses que llegó su carta. Dentro sólo una foto. Una playa y sus piernas al sol, apoyadas sobre las de un hombre. Por detrás, escrito con rotulador un “No me vayas a olvidar”. Miro la foto y sonrío. Respiro profundamente y miro hacia arriba, hacia la cumbre de los edificios de nuestra calle. Cómo la iba a olvidar. Pienso que cualquiera que me viera, frente a una pared mirando una foto, dudaría de mi salud mental. Quizá era el momento de volver al siglo actual, al hoy día. Devolví la foto a su escondite e inicié el camino de vuelta a mi coche. Aquel ya no es mi sitio aunque será siempre mi casa, pensé.
       Pero lo reconozco, fue un impulso descontrolado. Giré sobre mis pasos y agarré una piedrecilla de la calle. Como quien comete el más grave de los delitos, tembloroso grabé sobre el muro verde con la piedra. “JAMÁS TE OLVIDARÉ”.

viernes, 29 de junio de 2018

Habrá que bailar.

            Habrá que bailar para que el músico se anime, para que nos mire la gente murmurando entre otras gentes acerca de nuestras patologías emocionales. Bailemos pues.
 
            Por capricho, por placer, por perder el miedo a bailar, por perder el miedo a volar. Bailemos sin saber cómo ni dónde. Descompasados o a dos palmos del suelo. Bailemos y descosámonos de nuestras sombras, soldadas eternamente a nosotros.
 
            Bailemos.
 
            Como perfecta excusa para rozar esa mano, o envolver esa cadera, o adosar esa mejilla, o recordar ese olor, o volver a existir. Bailemos.
 
            Bailemos para detener la hemorragia de las vidas pasadas y sanar cicatrices de los daños futuros. Entre el recuerdo y el olvido, bailemos.
 
            Porque mañana es fiesta de guardar en los cajones lo que ya no nos interesa y cerraremos la puerta a los fantasmas de cada minuto. Porque la eternidad no suena a nada, bailemos ahora.
 
             Ya lo dijo el Maestro: Que bailar es soñar con los pies.





lunes, 4 de junio de 2018

Duele decir adiós

     Duele decir adiós cuando consideras que el momento de la despedida se ha adelantado; cuando te quedan tantas cosas que agradecer y tantos abrazos que dar; cuando aún puedes escuchar su risa en los pasillos y recordar cada detalle con la gente de su pueblo.
 
     Duele decir adiós cuando sigues contando sus anécdotas como si estuvieses preparado para repetirlas mañana; cuando haces un listado de momentos únicos que has vivido; cuando esperabas encontrártelo en la próxima visita al cole.
 
     Es triste y duele cuando el que se marcha ha sido tan grande de evaporarse sin hacer el más mínimo ruido;  cuando ha sido un MAESTRO en todos los sentidos y cuando compartiste tus peores pesadillas abrazado a él.
 
     Dicen que la gente muere cuando se le olvida, por eso, Ciri, vivirás mientras quede en la tierra alguno de los que hayamos estado a tu lado. Tus compañeros, tus alumnos, y en fin, toda la gente del pueblo que tuvo la oportunidad de disfrutarte te recordará siempre. Gracias por todo lo que nos diste.
    
     Descansa, Ciriaco. Ya eres eterno.

sábado, 2 de junio de 2018

El fin del día

     El perchero sigue abarrotado de abrigos tras la puerta. Quizá tres, puede que cuatro, apiñados unos sobre otros y por debajo de ellos,  puede que algún bolso o alguna bufanda. Escarbando podría encontrar aquel gorro de lana que hace siglos que no usa porque ni siquiera recuerda que está allí abajo. Al fondo, el paraguas. Lo compró en rebajas; el paraguas transparente de moda, el que atraería las miradas de la gente, más preocupada por llegar a sus destinos moderadamente secos que en valorar el diseño de los artilugios anti-lluvia de los que pasaran por allí, pero ella confiaba en que sería la sensación del otoño.
 
     En el pasillo, sus zapatos. Atravesados, inertes, a su suerte. Diariamente repetía el ritual de lanzarlos a la vez que sonaba el portazo tras su espalda. Llegar a casa solía ser sinónimo de autoprotección. Ese portazo era el abrazo de su guardaespaldas y deshacerse de los zapatos, la confirmación de que ya estaba segura. Percibía un placer difícil de describir al recorrer descalza aquel pasillo y celebraba, a veces, no haber puesto madera ni tarima ni nada de esas cosas que quitasen la agradable sensación de frío al caminar por él. Pisaba tierra segura, territorio propio. Su guarida.
 
     Aunque nada comparable con librarse del broche del sujetador, "el yugo opresor de la mujer del siglo XX". Ojalá tuviese el valor de prescindir de él. Cuando pasa junto al espejo superlativo que cuelga en la pared, se observa. Se analiza. Y se habla. Ojalá yo fuese capaz de salir a la calle sin esta tortura pero no sé... no me veo. Chica, realmente creo que estás increíble para tu edad... pero no me atrevo, nunca fui de fantasear.
 
     Al fondo, una pequeña lámpara ilumina el salón. Algún día tendría que ordenar los recuerdos de aquel lugar, tan íntimo y tan atropellado de vivencias pero el orden requiere de tiempo y de voluntad, quizá más de lo segundo. La voluntad es una asignatura que comenzó a suspender la noche de agosto en que descubrió que los castillos de naipes podrían volar con sólo abrir una ventana. Ahora, bajo la cálida luz que nacía de la mesita y el silencio de la playa cercana, besaba despacio una copa de Ribera del Duero. La sangre de la tierra. Bendita la uva de entre todas las creaciones del universo. Busca su postura ideal; espalda bien apoyada, piernas recogidas y los pies bajo un cojín. Una mano hace el ademán de masajear un poco sus cansadas piernas. Ya no hay estrés, ni trabajo, ni ruidos molestos a su alrededor.
 
     Toma la copa, la acerca a sus labios, siente fluir el vino por su garganta y respira.
 


Fotografía de Lydia Fernandez Tapia (@lydia_fdz)

viernes, 25 de mayo de 2018

Sólo uno más

     El pulso se le dispara como si buscara escaparse del cuerpo insulso y corriente que lo atrapa y lo limita al punto de hacerlo sentir vulgar. La mira mientras habla. La observa. La admira. Ella es ajena a aquellos instintos porque para ella, el pulso acelerado es una anécdota, a veces sin sentido. Para ella, existir se ha vuelto una rutina necesaria y sonreír, un viaje al espacio exterior. Pero en ese instante, ella sonríe sin miedo a los juicios; sonríe porque se adivina feliz.  Sonríe él también, creyendo, a veces, que ella destila vida porque está junto a él, junto a alguien tan parecido a todos los demás que si lo cambiasen por otro nadie lo notaría, aunque crea que lo mira, de reojo,  entre carcajada y carcajada. Escucha su risa y sueña parar el tiempo para siempre. Imagina un espacio sin efectos ni bandas sonoras, ni explicaciones, ni actores secundarios. No sabe si habrá otro momento como ese, proyectado o casual y desea prolongarlo al máximo de su estiramiento; si leerá sus mensajes, si captará sus bromas, si volverá a mirar de reojo alguna vez para darle rango de protagonista.
     Él sólo la mira, como quien vive una aparición y no sabe lo que siente, apurando los latidos de hoy. Casi la venera.  Que este segundo no acabe. Así, quizá mañana vuelva a imaginar.
 
(Fotografía de Michele Della Guardia)

jueves, 10 de mayo de 2018

NATSUKASHII


NATSUKASHII es una palabra japonesa que significa "Nostalgia Feliz", es el instante en el que la memoria, de repente, te transporta a un bello recuerdo que te llena de dulzura.

martes, 1 de mayo de 2018

Luz de hotel

     Busco el encuadre ideal para llamar la atención del crítico. La foto. Unos pasos más a tu derecha, ahí, perfecta. Ella luce como nadie, desnuda tras una cortina vaporosa. Un pasito, solo uno hacia atrás. El viento entra por la ventana y ondula la cortina, hace bailar su pelo y eriza cada milímetro de su piel. Es el momento. Baja un poco el brazo... eso es!. Uno y otro, y otro disparo más. No te muevas. Cuatro, cinco... hasta seis disparos continuados. Hoy no necesitaremos luz extra, el atardecer nos está regalando unas formas preciosas en la pared de la habitación. Una última prueba. Mírame. Ya casi está. Una más. Creo que mejor no lo podríamos hacer. Puedes vestirte, muchas gracias. Ha sido un placer. El placer ha sido mío.
 
     Luz natural para ellas. Para ellas el juicio del crítico, el fondo que se difumina, el ojo perfilado. Para ellas el mejor contraste, el aplauso seguro. Fotografías naturales para ellas y hasta cortinas vaporosas para ellas. Tú y yo tenemos otro tipo de mirada. Somos más de luz de hotel. ¿Posas?

sábado, 14 de abril de 2018

Pronosticaron lluvia

 
               No hay verano que soporte las tempestades de diciembre. Pronosticaron lluvia pero tu ropa se adormecía jugando con las sombras alargadas de las sábanas blancas tendidas al sol confiado. El calor ya no era cruel, más bien un compañero que se buscaba entre las apariciones de los paraguas; y los azules fueron tornando en grises difusos.
               Pronosticaron lluvia pero tus dedos aún sentían el goteo de un vaso lleno de vida, a la orilla de la playa. ¿Para qué mudar la ropa ? -decías- No nos devorará ningún invierno. Y aquí te detienes, ante un espejo semitransparente, ante ventanas entreabiertas, ante dudas inacabables.
               Desconfiaste de los avisos. Saliste desnuda a reflejarte en los charcos cuando pronosticaron lluvia.
               Ahora es tiempo de nubes.
(Fotografía de LYDIA FERNÁNDEZ TAPIA)

miércoles, 4 de abril de 2018

Juegos de azar


    Igual que el azar lanza corazones o bastos sin orden ni concierto, a mi teléfono se mandaban llamadas de SOS: Amigo, te juro que lanzo al aire mis monedas pero siempre sale cruz. La suerte es esquiva, se puede buscar pero ella prefiere jugar al despiste y marcarse faroles que hacen tambalear la conciencia más firme. Es por eso que, si no sabes marcar tus cartas, corres el riesgo de perder, como perdía ella, en cada apuesta en las que el margen de error solía ir en su contra.

     Pero como cuento, la fortuna va y viene. Es algo que sabemos porque nos lo dijeron una vez pero que pocas veces creemos.

     -        Prueba otros dados

     -        No encuentro dados con los que formar algo.

     -        Prueba.

     Entonces ella cava una trinchera donde huele a romero y el agua fluye entre almendros en flor. Busca su premio. Sigue rascando.

     Y a la fuerza ahogan. Y las mareas cambian como cambian los colores del cielo en cada estación. Y lo que ayer quemaba como el viento de poniente en julio, hoy es un levante que silba fresco. Y donde antes había precipicios, hoy ves trampolines donde jugártelo todo a doble o nada en un salto mortal.

     Y El Kanka pone banda sonora a su vida como una arenga en la final del campeonato “No pasa nada, quiero afirmarlo: ante la duda, hazlo.”
     Porque un órdago es un órdago y no siempre lo importante es participar.

     Así se encaran las nuevas partidas, llenando las tardes de tableros en los que enrocar Reyes y comer Damas. Una tras otra, las que el cuerpo pida y el destino regale, y transformar los SOS en fiestas de guardar a cada llamada.

     -        Amigo, esta partida la gano

     -        No tienes rival, Babucha.

(fotografía de Michelle della Guardia)

martes, 27 de marzo de 2018

Tiene usted el blog muy olvidado

     Jueves, 22 de marzo. Zumbido y vibración a partes iguales en el teléfono que descansaba en mi bolsillo. Estoy en tiempo de recreo, así que salgo de la sala de profesores y miro curioso el origen del sonido: Correo electrónico de "mi" Pepito Grillo literario (del que prometo hablar otro día). Sólo este texto:

Tiene usted el blog muy olvidado
 
Fdo: Pepito Grillo
 
     Pues bien, no tengo excusas (o sí, pero no las quiero utilizar). Estoy sin ideas, ¿qué le hago?. Las pocas vueltas que obligo a mi cerebro a dar son para el trabajo, la familia, el inglés y alguna que otra cosilla que se me ocurre escribir, pero nada para el blog. Y, conste en acta, que el primer defraudado soy yo pero esta humanidad tan limitante me borra las ideas y exilia a mis musas a mentes mejores, es lo que hay.
 
     Aunque no cejo en el intento, sigo pendiente a este espacio. Es como la fe, a la que algunos no hacemos caso pero pensamos en ella de vez en cuando, cuando más oscuro vemos el túnel, y a la que prometemos volver "cuando las cosas vayan mejor".
 
     En fin, ni siquiera sé si quedará alguien para leerme o estaré escribiendo como ejercicio íntimo... no sé (ahora es cuando mi Pepito Grillo me dice que los puntos suspensivos sobran).
 
     No desfallezcáis en la lectura, ni en la escritura. Lo que deba ser, será.
 
     Mientras, salud para todos.

miércoles, 10 de enero de 2018

10 de enero


Por tu sonrisa, por tus canciones, por tus bromas, por tus fiestas, por tus ilusiones, por tus miradas, por tus miedos y por tus sueños... de estos últimos 12 años.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

 
Te vamos haciendo mayor, Sara. No cambies jamás.

miércoles, 3 de enero de 2018

3 DE ENERO

Muchas felicidades, María, para hoy y para cada día de tu vida.
¡¡FELIZ 14 CUMPLEAÑOS!!

 
 

lunes, 1 de enero de 2018

CANCIÓN PARA EMPEZAR UN AÑO

"Porque eres aire y quiero recordar
que en un instante sentí la eternidad"
 
     Creo que 2017 ha sido "el año" para Diego Cantero. Por fin se va conociendo (y reconociendo) al músico tan grande que se esconde detrás del nombre de FUNAMBULISTA. Si ayer sonaba El Kanka, hoy llega Diego, y además con Rozalén, a modo de guinda con forma de brisa. ¡¡Cómo estará de contento Javi viendo a los chavales, a los que abrió su Botica y su poca salud, en lo más alto, en el sitio que se merecen y que el sabía que ocuparían algún día!!
 
     Diego es uno de esos, "Uno di noi", de los que llegaba con su guitarra y su gorra a pasar noches entre amigos. Con un público escaso, a veces diez, otras, 20... alguna vez, incluso 30 personas, en aquella pequeñita sala del centro de Málaga. Sonrisa en ristre, pendiente de todo el mundo, con "Humildad" como definición de su presencia y con música, música y más música.
 
     Y ahora, ahí está, arriba, muy arriba. Pero tan cerca como siempre, porque el que es GRANDE, lo es siendo el más pequeño de todos. Si va a vuestra ciudad, cometeríais un gravísimo error dejándolo pasar. Tomadlo como un consejo. Un consejo de alguien que para morir joven ya es demasiado viejo.
 
     BUEN 2018 para todos.
 



domingo, 31 de diciembre de 2017

CANCIÓN PARA ACABAR UN AÑO

"Querría salpimentarte los días
rebuscarte las manías y darle armonía a tu son.
Querría que toda la poesía se rindiera ante la rima de tu vida con la mía"
 
     NACHO ARTACHO cantaba esa noche con él en la Tetería ZOUK. Vente, Padrino, que vas a ver al futuro de la música en España. Y allá que fui, obediente, a ver a ese chaval que no tenía absolutamente nada llamativo en lo físico, pero que soltaba unas letras (y de esto hace unos cuantos siglos) bastante fuera de lo común dentro del circuito de cantautores que, más o menos, teníamos controlado.
 
     Se fue animando, con su "escudero" (así lo llama él),  "El Manin", y ya era asiduo a pequeñas salas y bares con más que aceptable reputación. Nuestra Botica le servía de banco de pruebas, de local de ensayo y de lanzadera hasta otros aires. Y voló, pero lo que se dice volar de verdad.
 
     Es un gustazo ver como la gente que has conocido entre taburetes, copas y humo del que había antes en los bares, llena ahora grandes salas, aquí y al otro lado del charco, y hasta son reclamo (de los buenos) para grandes festivales.
 
     Este es El Kanka, el Pier Nodoyuna que ya llega el primero a la meta casi sin esfuerzo, un tío que lleva pateándose el país y sufriendo lo que sufren los artistas desde hace un montón de años y al que ahora le dice la gente por la calle que lo conoce gracias a una chiquita que lleva 10 minutos en Operación Triunfo. En fin, muchachada, el fútbol es así. No somos nada.
 
     Y podía haber escogido cualquier canción suya para acabar el año, pero es que esto que os traigo es ya la re-leche. Su canción "Querría" en la voz de Anita "Pasión" Vega. Que ella cante algo que has compuesto tú debe ser mejor que tener una calle a tu nombre o un palacio con jardines... yo qué sé!! Otra grande, también humilde chica de barrio, peleona y disfrutona que no sabría vivir si un día eliminaran la música del universo.
 
     Por eso elijo esta. Porque es obra de El Kanka y porque ahora se va a encargar Pasión Vega de hacerla más universal aún, si es que eso es posible.
 
     Y así, cogemos impulso y le damos una patada a este 2017. Que habrá tenido muchas cosas buenas, pero otras más reguleras. Eso no me lo discute nadie. Mañana será otro día. Y otro año.
 
     Salud!!!
 
 

martes, 26 de diciembre de 2017

Cantando

     Acaba el año como siempre, echando números y viendo que cada vez le dedico menos tiempo a este hueco que se llama Blog pero llega uno nuevo, el de los propósitos, las esperanzas y los deseos venideros. De manera que desearé escribir un poquito más por aquí porque me apetece y porque mi Pepito Grillo literario, del que algún día hablaré, me lo pone como ejercicio de crecimiento personal.
 
     Pero eso ya lo dejo para el 2018, ahora, como cada fin de año os propongo que penséis la canción con la que despediríais el año actual. No tiene que ser una canción de despedida, ni nada de eso. Sencillamente, una copla que os haya gustado, que os haya hecho disfrutar en estos últimos 12 meses. También habrá que pensar en una para iniciarlo con buen pie.
 
     Ya tenéis tarea, yo colgaré las mías llegados los días.
 
     Mientras, pásenlo bien, no coman ni beban demasiado y, como diría el gran Chiquito "No pelearse".
 
     Salud para todos.

jueves, 5 de octubre de 2017

Huevos fritos

     No me gusta freír huevos. Sé cómo se hace y me encanta comerlos, pero no me gusta hacerlos. Siempre que veo el aceite caliente recuerdo el día en que a Trini le saltó el de mi freidora en un pie; nada grave, pero suficiente para tener guardado el momento. No me gusta freírlos. De hecho, no todo el mundo sabe freírlos bien, aunque presuman de ello. Del arte del huevo frito, con facilidad, podríamos encontrar millones de expertos por metro cuadrado, miles de millones de documentos escritos y/o gráficos de cómo conseguir la puntillita tal o la textura cual, miles de miles de millones de dictámenes sobre la yema más hecha o menos hecha.
     Pero la imprudencia es osada (o la osadía, imprudente) y corren por los pasillos voces de "inválidos" en la materia que proclaman su maestría para con el hijo de la gallina. Personajes a los que nadie les ha dicho jamás que suelten la espumadera y se dediquen al bizcocho de yogur o al filete empanado (que también tienen su mérito, faltaba más), y que sustentan su supremacía en la habilidad de "no tener abuela, ni necesitarla". Esos que te dicen la temperatura máxima de la sartén o el número de cristales de sal para no desvirtuar el sabor pero que sabes que no tienen ni idea del asunto. Esos son sujetos muy peligrosos.
 
     Y, ¿a cuento de qué venía esto? ¡Ah, sí!
 
     A que no me gusta freír huevos, pero que tampoco me gusta la gente que me los va friendo por ahí. Que lo intentan, y que a veces hasta lo consiguen, pero que me quedo en paz cuando me doy la vuelta y pienso que no saben del asunto ni la mitad.
¡¡No me cuente usted historias sobre la discapacidad, señora!! Si usted no sabe (o no quiere saber) no eche la culpa al sistema, a los medios o al Boogie; aprenda y recíclese, a modo de decencia.
 
     Y sobre todo, señora, déjeme los huevos en paz.

domingo, 3 de septiembre de 2017

...me disfracé de sabio frente al espejo

Pero yo fui más lejos,
me dio por confundir el cuándo y el dónde
me disfracé de sabio frente al espejo
busqué dentro del alma lo que se esconde.
Ni un paso atrás,
la espada de Damocles era afilada,
cortaba en dos mitades la madrugada,
un pie en el mambo y otro en el más allá.
Sabina - Quien más, quien menos

sábado, 26 de agosto de 2017

Carta de Manu Sánchez a Al Andalus "Andaluz de la A a la Z"

No voy a descubrir a Manu Sanchez, ni voy a ser pregonero de mi orgullo por mi tierra... pero este video (que no es nuevo) merece la pena verse.



Salud para todos.

domingo, 23 de julio de 2017

El libro de TU vida

     Acaba de terminar con el libro que traía entre manos las últimas semanas y corre a la estantería buscando algún otro que le resulte atractivo. Mientras pasa el dedo por los lomos va farfullando a media voz los títulos de una manera incomprensible, como en un lenguaje propio, descartando libros a la velocidad con que recorre los ejemplares. De repente se detiene. Abre los ojos de forma brusca. Separa su cabeza del estante, como para comprender lo que ve. "El libro de TU vida."
 
     ¿Imaginas que hubiese un libro en cada biblioteca con la vida de cada uno de nosotros?- se pregunta sin atrever a tomarlo; ¿y si, realmente, fuese así?. Un libro en el que marquen tu fecha de nacimiento, tu primer día de colegio, tu primer beso, el nacimiento de tus hijos, la muerte de tus familiares más cercanos... la tuya propia. Da medio paso hacia atrás irguiendo su tronco para tomar perspectiva del asunto. No había más libros como aquel, tan sólo ese ejemplar.
 
     Continúa avanzando su dedo por los lomos polvorientos del estante. Se aleja y su contoneo juvenil da vida a la falda amarilla, que se acompasa al ritmo. Al acabar el pasillo, atrapa un libro sin mirar, "este me llevaré" y con el mismo movimiento de brazo lo deja caer sobre la mesa del bibliotecario.
 
     "¿A quién le importa, ni siquiera, su propia vida?".
 
 

miércoles, 5 de julio de 2017

Ahora, que no fumo

     Ahora no fumo. No salgo a la terraza para regar las plantas, mirar a mi vecina acalorada y echar un cigarrito antes de dormir, no. Ni siquiera tengo plantas ya en la terraza. Apenas un tronco de Brasil y una que empezó a crecer y a crecer y ahí sigue comiendo terreno, pero las florecillas pequeñas y el jazmín desaparecieron.
     Lo mejor es haber dejado el tabaco; lo peor es haber abandonado la costumbre de ver como mi vecina asomaba su medio cuerpo, al natural, y daba una calada tras otra en modo lento, consumiendo muy despacio el cigarro, como regodeándose.
     No era nada erótico, hoy en día esas cosas no llaman la atención, pero tenía su puntito de ritual.
 
     O es que me hago mayor. Va a ser eso.
 
     Salud para todos.

sábado, 27 de mayo de 2017

CAMBIAR, CAMBIAR, CAMBIAR, CAMBIAR.

     Desde la puerta de su clase, A. me juraba que iba a cambiar y que aquella sería su última expulsión. Bajé hasta la sala de profesores donde M. y R. maldecían su mala suerte en los nuevos destinos. Tendrían que cambiar de colegio, de ciudad, de chip.... Algunas madres también hablaban de cambiar a sus hijas de cole; "hay que buscar siempre lo mejor para ellas", decía una y la otra asentía.
     A media tarde y de manera inesperada, me enteré de que mi hermana (sí, mi hermana...) se estaba graduando en un instituto cercano a mi casa y fui hasta allí por si podía saludarla pero la capilla donde se celebraba el acto estaba abarrotada y solo pude escuchar algunas palabras de unos alumnos hablando acerca de que ellos serían los encargados de cambiar el mundo...
     Y esta mañana, en un chateo con mi amiga M. me contaba la necesidad de dar un giro a su vida y cambiar su aparente zona de confort por algo más arriesgado.
 
     Y es que... ¿qué hay de malo en querer cambiar?, ¿debe ser inamovible todo lo que nos rodea, por imperfecto o improductivo que sea?
 
 - Quizá, con algunos cambios, A. no vuelva a ser expulsado de clase, ya habría conseguido más que en sus 11 años de vida previos.
- Puede que M. y R. encuentren estabilidad en aquellos centros a los que las envían. Las maletas de ruedas también pueden llevar ilusiones.
- A lo mejor, a las niñas de las madres de mi cole les esperen un grupo de niños, maestros y padres que las hagan crecer como personas y las ayuden a ser buenas y felices estudiantes.
- ¿Quién sabe si aquellos pipiolos de voz temblorosa y laca abundante que se acababan de graduar serán capaces de dar con la tecla que detenga el cambio climático, las injusticias sociales, las hambrunas, las enfermedades raras?
- Y, seguro, que el miedo de hoy puede ser la satisfacción de mañana para M. y deje atrás tanta mierda que la amarga. Puede que los cambios le traigan el amor, la salud o, quien sabe, un trabajo donde sentirse bien consigo misma y con los demás.

 
     Salud para todos.

sábado, 6 de mayo de 2017

Puedo escribir...

Puedo escribir que vienes a verme,
que vuelves
a mis huecos
levantando mi alma y el viento con tu falda,
tus palabras diciéndome
que no hay jardín sin mi lluvia y mi cariño,
que no has dejado de latirme en la demora.

[...]

La vida es para quien se conforma.
La poesía,
para quien sueña y desea

                    ...y no tiene miedo de contarlo.

Elvira Sastre (del libro "Baluarte")

domingo, 30 de abril de 2017

Pasaba por allí

     Tras una semana extraña de temperaturas inestables, parece que mayo nos trae una primavera calentita, casi veraniega, para que nos quitemos el sayo con prontitud y alevosía. Pero no seré yo quien guarde el "chambergo" y los calcetines gordos en un cajón para ocasiones venideras, porque soy más que friolero. Soy de los de dejar el helado un ratito fuera del congelador "para que no esté tan frío"; con eso creo que me defino.
 
     De todos modos, agradezco las altas presiones atmosféricas, los vientos del interior y las calimas mañaneras cuando veo que mi vecina ya ha decidido dar comienzo a la temporada de "Paseos ante la ventana", patrocinados por modas Adán y Eva y tiene a bien salir a fumar tan "desabrigada" como lo ha hecho esta tarde. Yo no miraba, sólo pasaba por allí...
 
 
     Buen mayo. Salud para todos.

domingo, 23 de abril de 2017

Al entrar en el metro, descubrió que el tiempo era suyo.


AL ENTRAR EN EL METRO, DESCRUBRIÓ QUE EL TIEMPO ERA SUYO.
            Poco importaban ya las voces de aquella vecina arrugada al sorprenderle arrancando rosas de su patio, ni las insolentes sonrisas de los cuatro papanatas de la estación de Carranque, quizá por vestir una americana demasiado grande. Reconocía su escasa elegancia pero la ocasión requería celeridad y el armario de su padre era inmenso ante semejante emergencia.
            Escudriñó la oscuridad exterior mientras, en su ventana, proyectaba el encuentro pactado tras el “Próxima estación: El Perchel. Correspondencia con…”
            En el andén esperaban ella, su padre y dos ángeles vestidos de policía local.
            El amor está mal visto a ciertas edades.

lunes, 17 de abril de 2017

No viajes...

NO VIAJES
para escapar de la vida,
 
VIAJA
para que la vida no se escape.

martes, 28 de marzo de 2017

Qué bien se vive cuando se vive bien

     El pasado sábado se celebró La Hora del Planeta. 60 minutos con los que se pretende llamar la atención sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y fomentar políticas saludables ante el imparable cambio climático. Según parece, esta ya ha sido la décima edición y este año me he llenado con la sensación de que estoy muy acomodado. Tan acomodado como que hace diez años, yo estaba, en esta misma habitación donde escribo ahora mismo, con mis hijas, casi bebés, con velas de colores por toda la habitación y haciendo un teatro de marionetas que la web del evento ofrecía. Al año siguiente contamos historias, al siguiente eran ya las niñas, con sus amigos Ignacio y Bea, los que contaban las historias con máscaras de animales que habían coloreado previamente. Y así continuamos... el año pasado, eran ya mayores para teatros, pero apagamos la luz durante la hora completa; pero este año... Este año ni siquiera supe de la actividad hasta el día siguiente.
 
     ¿Qué pasa?, ¿me importa menos el problema del clima o es que estoy tan cómodo que prefiero pensar que sean otros los que lo arreglen? Creo que es lo segundo y, la verdad, me avergüenza bastante pensar así. Cada cual que haga lo que quiera, somos todos muy mayorcitos como para ir diciéndonos qué debemos hacer los unos a los otros (y sin embargo, se dice) pero no quiero perder mis principios, por muy utópicos que parezcan. Que sé que apagar las luces una hora no ayuda al recalentamiento del planeta, pero quizá mis hijas no olviden que este es el sitio que les queda y que son tan responsables de cuidarlo como de saber qué deberes deben hacer cada día.
 
 
 
Fotos de La Hora del Planeta de 2010
 
     Y aunque peine canas, no quiero perder ese sentimiento. Mientras tanto, Salud para todos.

viernes, 24 de marzo de 2017

Ni siquiera estaba tumbada

     Ni siquiera estaba tumbada, más bien recostaba sus hombros contra el respaldo del sofá. Con un sutil giro de muñeca y un semichasquido de dedos liberaba el broche de su sujetador, planteándose en ese mismo momento si no le habría nacido, de repente, un tercer pulmón al notar la sensación de la inspiración. La copa de vino sobre la mesita del salón, llena de revistas amontonadas desde hacía semanas, y los zapatos, dejados caer como mártires de un esfuerzo ingrato, junto a la alfombra. Reposaba inerte, ahora sí, su espalda por completo en el dichoso sofá de oferta que más que abrazar, pinchaba. Pero aquella tarde era viernes y los viernes era capaz de bailar descalza sobre un manto de espadas afiladas si la ocasión lo requería. Tomó la copa y la llevó despacio hasta su boca. Cerró los ojos y bebió mientras oía el vocerío de sus vecinos colándose, como un rumor, entre las paredes. Sonrió, aún sin abrir los ojos; aquellas voces no eran las de una pelea precisamente, y pensó para sí lo maravillosos que podían resultar los viernes.
 

lunes, 20 de marzo de 2017

Ni un paso atrás

Quien más, quien menos
tiró una vez la casa por la ventana,
se tatuó en las sienes una diana
probó un veneno.


Quien más, quien menos
se ha tomado a sí mismo como rehén
y tiene una conciencia todoterreno
del mal y el bien.


Pero yo fui más lejos,
metí un palo en la rueda de la fortuna
bajé al sótano en busca de un mal consejo,
usé tus puñaladas como vacuna.


Ni un paso atrás,
mi espada de Damocles era afilada,
cortaba en dos mitades la madrugada,
un pie en el tango y otro en el ojalá.


Sabina - Quién más, quien menos

martes, 7 de marzo de 2017

Viernes de vino.

     Desde hace un tiempo, mi mente, que debe estar algo enferma, relaciona la palabra viernes con una copa de vino tinto. Nunca he sido un experto en la materia y los años no me han hecho más sabio, ni mucho menos. El vino lo bebo por placer. Porque me gusta su sabor en mi boca y el regusto que se queda jugando sobre la lengua. No sé si el vino es mejor o peor, ni de qué añada es, lo que me importa es que me guste y me haga latir una mihita más rápido el corazón, que los viernes no son benditos todavía, pero es cuestión de tiempo.
 
     Pero mira tú por donde, que mañana miércoles, voy a disfrazarlo de viernes, con su copa cristalina y todo. Y voy a dejar caer en su interior el líquido tinto que me saca la sonrisa con más facilidad que nada en el mundo. Y voy a beber. Y a brindar. Y a volver a beber, otra vez, como los peces en el río, si hace falta. Porque la vida ha querido que beba mañana sin ser viernes, que deje caer el vino y que, tras el trago grite ¡salud!, así, a boca llena. Esta semana adelanto mi viernes porque me da la gana, sin darle más importancia que la de compartir los momentos. Los hay buenos y los hay menos buenos, pero compartidos son siempre mejores.
 
     No me hagáis muchas preguntas, no hay que sacar demasiadas conclusiones de nada de lo que escribo, tan solo brindar y celebrar que estamos aquí y que es motivo más que suficiente.
 
     Copas arriba y SALUD PARA TOD@S!!!

miércoles, 22 de febrero de 2017

Como si no hubiera pasado el tiempo y fuera ayer

     Llegamos tarde, pero justo a tiempo de ver como Diego subía al escenario. Creo que era una noche de comienzos de verano... hará de aquello cinco años por lo menos... o más, no sé. Sonaban los primeros acordes de la guitarra en La Botica al tiempo que yo sacaba a pasear mi mirada, intentando localizar a conocidos en el local. Ahí estaban casi todos, casi siempre los mismos, los poquitos que nos reuníamos a ver los conciertos que Javi nos regala "por ser buenos chicos". No seríamos más de quince aquella noche, contando a Javi, a los camareros, a Diego y un amigo suyo, con el pelo largo, que se presentó allí para cantar con él, lo habitual. Lo habitual, quiero decir, es que fuésemos pocas personas y que los amigos subieran a cantar con el artista en cuestión.
 
     Yo, con mi talante habitual, no recibí con agrado la noticia de que, aquel concierto de Funambulista, fuese interrumpido, cada dos por tres, por un muchacho gallego de nombre Andrés que, cantar, lo que se dice cantar, lo hacía muy bien... pero es que íbamos a ver a Diego.
 
     De repente, el olor a la madera, los inciensos, el sabor de la Estrella Galicia... ese ente misterioso que flotaba y vivía en aquel sitio, fue calando entre los que estábamos presentes. Diego, el de siempre, estaba rompiéndose la voz con el chaval del pelo largo y de pronto, de entre esa maraña de canciones, comenzó a sonar "No debí saber quién eras, no debí contar mis penas. Noviembre es siempre triste y tú viniste proponiendo guerras...". Hay canciones bonitas, melancólicas, malas, buenas... y también las hay muy perras que, dependiendo de tu momento anímico pueden terminar de taladrarte a la tarima en la primera estrofa.

"Yo sin saber dónde mirar, ... y tú, tan guapa."

     El gallego y el murciano enganchaban bien. La voz de Patri sonó a mi espalda. "Creo que me he enamorado", farfullando entre indignada y orgásmica. Y es que, esa canción ya era casi nuestra, de los que soñábamos con un mundo artístico dentro de aquel garito del centro de Málaga.
     Marcos se agarraba a la mesa que controlaba que ni uno solo de los sonidos se escapara sin haber cumplido su misión de atizar bien a fondo los sentimientos de los que escuchábamos, mientras Curro, con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados, gritaba el estribillo. Yo lo intentaba, pero eran días de nudos en la garganta y me costaba cantar sin entrecortar la voz.

"Ya verás como me olvidas, y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría, y me dices que lo nuestro no era lo que merecías. Seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida."

     Han pasado ya muchos años, como digo. Y resulta que tengo entre mis manos un disco (un pedazo de disco), de una multinacional discográfica muy gorda y en su portada pone FUNAMBULISTA y con todas esas canciones que enarbolamos como himnos en La Botica de Javi grabadas con gente de mucho nombre. Y entre ellas, por supuesto, "Ya verás", a medias con Andrés Suárez, el gallego del pelo largo que también coquetea entre multinacionales. Pero entre tanta borrachera de éxito está el eco de la esencia propia. Esa canción suena a Botica, suena a la madera, a los inciensos, a las Estrella Galicia y a Javi... y me alegro mucho (muchísimo) por Diego y por todos esos recuerdos que siguen vivos.
 
"Como si no hubiera pasado el tiempo y fuera ayer".
 
Salud (y canciones) para tod@s
 
(Este momento no es el de La Botica, pero al menos que sirva para compartir la canción. Quizá Sara no colgó esa canción)

martes, 7 de febrero de 2017

Material de disección.

Si no consigo hacerte muy feliz,
quiero regalarte un riñón
para que te bebas más cervezas tú que yo.
 
Alis - Material de disección
 
 

lunes, 23 de enero de 2017

Cambiar heridas por cicatrices

Queridas hijas;
 
     En ocasiones, reconozco que pocas, acudís a mí buscando la ayuda de vuestro papá; ese "hombre mayor que es muy fuerte, muy guapo y que todo lo sabe". No seré yo quien os desanime, el tiempo os hará ver que vuestro papá no era tan fuerte, ni mucho menos guapo pero, sobre todo, que no sabía tantas cosas...
 
     No soy experto en nada, maestrillo de poco, pero nada más. Algunos títulos en marcos de Ikea que lucen fenomenales y de paso tapan las imperfecciones de la pared. Muchas hojas en un currículum que no sirven para evitar mis temblores cuando pienso en vuestro futuro y en si estaré a la altura de vuestras necesidades. ("La noche es oscura y alberga horrores")
 
     No sé cocinar; tiendo al desorden; no dibujo ni os puedo ayudar en vuestras clases de canto ni en vuestros progresos en el baloncesto; no poseo dotes específicas en casi nada y dudo de casi todo. Tampoco entiendo de economía ni de política, y lo que yo opine no vais a conseguir sacármelo ni con chantajes con chocolate de por medio. Si algo tengo claro es que debéis ser libres, en todos los sentidos y, aún así, estoy seguro de que más de una vez os moldeo con mis ideas, sin querer, porque de verdad, no es esa mi intención.
 
     Puedo presumir de muy poco... de poquísimo, pero tengo un par de cursos avanzados de los que me siento más que orgulloso. El primero es el de "Supervivencia" y el otro es de "Poner la cara de que no pasa nada... aunque esté pasando". Ambos los puse en práctica el día que necesité cambiar heridas por cicatrices, esas que escuecen de vez en cuando, para recordar que, aunque quede algo de piel rota, seguimos vivos.
 
     Y soy experto en quereros, sobre todas las cosas. Sobre cualquier elemento del Universo, os quiero a vosotras. Quiero que seáis responsables, por eso os exijo; quiero veros felices, por eso me gusta que respetéis a todo el mundo; quiero que crezcáis sanas, pero no sólo en salud física, también en salud mental...

     No sé si algún día valoraréis esto que os digo, imagino que esa dichosa "Ley de vida" os borrará estos instantes para llenarlos de chavalitos monos y sueños por cumplir. Y por eso, por esa misma Ley, quizá alguna vez, muy, muy lejana, os sentéis ante un papel, un ordenador o el chisme que exista en ese momento para pedir a vuestra descendencia clemencia y comprensión.

     Pero más amor, no. Eso es imposible.

     Salud para tod@s

martes, 10 de enero de 2017

11

     Sara es una de esas personas que, si no existiesen, habría que inventarlas. Es diferente al mundo; me consta que es capaz de camelarse a cualquiera sólo con su mirada y tiene la capacidad de soñar "por encima de sus posibilidades" y que parezca algo (hasta) normal.
 
     Hoy cumple once añitos y sigue creciendo pero su cabecita de niña permanece flotando entre Doraemon, Lady Bug y escenarios que fantasea con pisar algún día.
 
     Cuando en el futuro la veáis triunfando en algún teatro recordad que, tal día como hoy, ya os avisé.
 
     Feliz cumpleaños, Sarilla.
 
     Y salud para tod@s.

sábado, 7 de enero de 2017

Fuego pecaminoso

     La suerte de Juan, si es que aquello podía ser llamado suerte, era que el patio interior de la parroquia sólo tenía una ventana y era la de su sacristía, así que nadie ("salvo el Altísimo") podría juzgar su ritual nocturno, luna tras luna, de abrazar con fino papel de fumar unas hojillas de tabaco Pueblo, colocar con manos de pianista el filtro y cerrar el cigarro, no sin cierto sentimiento de culpabilidad, tras barrer el adhesivo con un poco de saliva de su lengua. Dos golpecitos sobre la mesa de madera roída y un chasquido de mechero barato para inhalar el pecado humeante de las 10.30; ese que tanto placer le provocaba tras largos día de entrega a la feligresía pero que, sabe Dios por qué, consideraba algo que no se debía hacer y que, más pronto que tarde, se obligaría a abandonar.
 
     En pocos minutos ese fuego pecaminoso ya está ahogado en el viejo cenicero de Martini, aplastado con saña, como queriendo aplastar a algún demonio.
 
     "Esto se acaba aquí", dice persignándose y vuelve al interior de la vivienda. Una fugaz mirada al cielo estrellado para añadir. "Mañana, si acaso, el ultimo, ¿de acuerdo?"

     Y Juan vuelve a santiguarse.