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"EL HOMBRE QUE PRETENDE VERLO TODO CON CLARIDAD ANTES DE DECIDIR NUNCA DECIDE." (Henri-Frédéric Amiel) - Mayo 2017

lunes, 15 de septiembre de 2014

Papá, quiero ser artista (La Concha Velasco del Siglo XXI…)

     Supongo que la mayor parte de la culpa es mía, por no decir que casi toda. A María siempre le gustó la música; de pequeñaja cantaba a todas horas pero la edad la volvió prudente y tras un par de años de clases en una escuela de música, dejó el teclado y lo cambió por un balón de baloncesto.

     Pero he aquí que, a este padre malvado, se le ocurrió llevarla a ver “Los Miserables” al Cervantes, con ciertas dudas de si a una niña de 10 años le podría venir grande aquel montaje, pero confiando en que le podía gustar… ¡¡Dios!! vaya si le gustó!!; Foto con los cantantes a la salida del teatro, cd del musical en el bolsillo, canciones sonando en el mp3, en el coche, en el salón… en la ducha… Y ya lo último fue su petición: “Papá… yo no quiero tocar el piano… yo quiero cantar!!!, solo quiero cantar, quiero cantar como Eponine!!! (“otro día que se va…”)”

     Y ahí va su padre, movilizándose sin que ella lo sepa, para que pueda entrar en una escuela de cierto nivel en Málaga y que disfrute cantando.

     Porque vivir de la música es duro, es difícil. Nombres como Armando Pitta, Ignasi Vidal, Guido Balzaretti, Lydia Fairén (la Eponine en cuestión) no son conocidos para la mayoría del público, salvo que seas un loco de los musicales… como el padre de la criatura de la que os hablo. De todos, el más popular sea, quizá, Daniel Diges(sí, el del “algo pequeñito… uou uou oooo”) Y el caso es que son unos currantes, gente con años de estudios, de preparación teórica y práctica, con cientos de horas de trabajo a sus espaldas, que van, como los antiguos cómicos, con las maletas de ruedas, de un sitio a otro; de unas tablas a otras, donde reciben ovaciones, (largas ovaciones) y que, una vez acabada la representación, salen del teatro… casi mezclados entre la gente, que no los conoce…

     Esos genios, tan poco valorados, como aquellos antiguos cómicos, son ahora los ídolos de María, son su “banda sonora” y su espejo en el que mirarse.

     Yo le digo que me daría miedo que dirigiese su vida por ahí, que es un camino muy duro y muy poco agradecido (algo sé por experiencia propia…) pero ella quiere cantar, quiere cantar bien y quiere ser feliz.

     Y… puede que, quizá, no sean incompatibles tales cosas.

P.D.: Es muy posible que desembarquemos en Sevilla para verlos (por tercera vez) jajajajaja.

     Salud para tod@s

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12 comentarios:

  1. Muerome.

    Se que la ayudarás a ser feliz. Se unen dos de tus pasiones, la Música y tu hija...la tercera pasión ya se la iremos inculcando.

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  2. yo hace años que no voy al teatro ni a la ópera con lo que me gusta!!! entre el bar, los niños, el negro.... ufffffff.... en fin... ya me has visto en tuitel.... ahí estoy... respirando hondo.....
    besos para todos

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    1. El trabajo tuyo es muy sufrido, pero igual el negro se anima un día y te da una sorpresa... quién sabe??

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  3. Tiene la suerte de su parte, porque contar con la ayuda y el amor de su papa ya es dar el primer paso, para conseguir que sus sueños se hagan realidad.
    Besos.

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    1. Qué bonito San, pero poco puedo ayudarla yo... qué más quisiera. Besos

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  4. ¡Como si quiere ser pelotari en el Senegal! Con esa sonrisa... ¿quién es capaz de decir que no?

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    1. Es lo que tiene... que la sonrisa la acompaña de todo lo que es ella y de la ilusión que tiene que pienso q si le digo que no puedo estar cerrando una puerta a su futuro

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  5. Tengo entradas para el estreno en Zaragoza y aún no sé si conseguiré no canturrear por lo bajini, y más vale que no, porque a parte de querer hay que valer ¿verdad? Y la niña vale

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    1. Te va a encantar, Pilar. No sólo por la música, la historia, las voces, el montaje... es porque consigue erizarte la piel una vez tras otras. Con decirte que la vi dos veces en Málaga; una con mi mujer y otra con María... y en diciembre repetimos (esta vez, además con Sarilla) en Sevilla, puedes hacerte una idea lde lo que me gustó.
      La niña vale... si quiere, valdrá más.
      Un beso (Y canturrea, no te a oír nadie, mujer)

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