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"ES UNA COSA BASTANTE REPUGNANTE EL ÉXITO. SU FALSA SEMEJANZA CON EL MÉRITO ENGAÑA A LOS INCAUTOS." (Victor Hugo) - Septiembre 2017

jueves, 19 de febrero de 2015

Desvío provisional del orden cósmico

     Desperté un viernes con la noticia de que, al día siguiente, Nacho (Artacho, para más señas) daría su último concierto; un concierto de despedida junto a aquellos Incas, con los que empezó, hace ya, un montón de años; que sería un homenaje hacia ellos y su propio corte de coleta en los escenarios. Sin creerlo mucho fui a verlo, como otras tantas veces a la Tetería El Harén, pero comprobé, como él mismo dijo, que “era la sensación de asistir a su funeral en vida”. El concierto no fue el mejor de Nacho, ni el mejor de Incas, porque allí se respiraba una tristeza… una melancolía impropias del lugar y de la música que debía sonar en su patio, abarrotado, por cierto.

     Y así fue… Nacho se fue. Acabó su concierto y con él un montón de canciones y de historias, vividas alrededor de ellas, se enredaron en los cables de la guitarra y se vaciaron en su funda por no sé cuánto tiempo. La única persona que me convenció para cantar en un bar… 17 años después de la última vez, decidía que ya estaba cansado de pasar noches de sábado, parapetado en seis cuerdas… y que su biografía necesitaba un cambio. Y bien que lo entiendo… y bien que lo siento. Por él, pero sobre todo, por mí.

     Muchas veces digo que aquel Nacho que se acercó tímidamente a mi a principios de los 90 para pedirme ayuda en su proyecto musical, al que llevé a la radio (se le salían los ojos de ilusión en semejante lugar); al que vi crecer musicalmente y al que, incluso, tuve la osadía de aconsejar en sus principios… me lanzó un cabo para salvarme a finales de 2010 cuando, sabe Dios por qué, me invitó a volver a ser el de antes. Y lo logró. Volví a serlo, con más fuerza incluso, pero, para entonces, el fan ya era yo. Ahora yo era el que se veía pequeño, mucho más tímido que él, en el minúsculo escenario de La Botica que, de pánico, me parecía más minúsculo aún; al lado de un grande… perdón; de un GRANDE. Y un GRANDE que, entre otras maravillas, ya le dio vida eterna a “SARA”

     No deseo otros 17 años sin escucharle, espero que sea una enajenación musical transitoria al que se le encuentre tratamiento pronto por el bien de todos los que, alguna vez, nos hemos sentido en alguna calle de Lisboa, persiguiendo fantasmas; con dolor de costillas; con la piel por delante, de color cobre, entre polvo y sombra; sintiendo el peso de un pajarico, a cada pasito de Tamara; imaginándonos a María, en una mano, si me apuras en media; intentando recordar el olor de alguna trenza… sin saber qué viento preferir…


     Ahora, que me veo con canas, me siento con valor de pedirte que no te vayas muy lejos. Nos has dado mucho… y aún te queda mucho olor a sal que repartir en las orillas de los escenarios.
 

    Salud para tod@s… salud y suerte para ti, Maestro!!!

7 comentarios:

  1. ¿cuánto de quienes somos se resume en la estrofa de una canción?

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    1. O en varias. Siempre me encontré en la canción que sonaba en cada momento, y con Nacho, en su última etapa musical me ocurría con extremada frecuencia

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  2. intenso blog
    me gusta
    como escribes
    gracias por compartirte con nosotros

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    1. Gracias a ti por tu visita y tus palabras!!

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